El Correo 1.
Elena Sealtiel se sentó tras su escritorio y repitió su ritual matutino. Cerró los ojos, giró la silla hasta encontrarse de cara al enorme ventanal y los abrio lentamente. Ante su vista se extendía la ciudad, semioculta tras un velo de contaminación. México D.F., la más grande ciudad del Universo. Sonrió. La vista era una buena manera de comenzar, una buena manera de recordarse a sí misma por qué valía la pena cada paso en el camino. En días como hoy lo necesitaba: La mañana no había tenido un comienzo agradable. Su paso frente a la entrada del edificio había coincidido con la brutal paliza que le propinaba uno de los guardias armados a un desharrapado cualquiera. No es que le preocupase demasiado el hecho de la paliza, a estas alturas la acera ya estaría limpia. Simplemente, a veces sentía una punzada de... No exactamente remordimientos, pero sí nostalgia de sus primeros tiempos, de una cierta inocencia, de los años en que una escena como esa le habría resultado incómoda. Sacudió la cabeza para eliminar esos pequeños flecos de idealismo y sacó de la cartera su disco de datos personal. Insertó el rectángulo de plástico y metal en su clavija y pasó la yema del dedo índice por el pequeño lector incorporado en el disco. El monitor de su mesa se desplegó mientras los sensores detectaban su huella dactilar, pulso y temperatura corporal. La pantalla se encendió con su habitual saludo "Buenos días, Consejera Sealtiel". Tocó la imagen de una pequeña agenda en la esquina del monitor. Los asuntos del día. La primera entrada consistía simplemente en una hora y dos palabras. 9:00 El Correo. Etiquetas: El Correo |
