sábado, mayo 20, 2006

El Correo 3

-Las condiciones de entrega de este trabajo son bastante comunes, señor García. No así las condiciones de seguridad. ¿ Comprende lo que quiero decir ?-El correo asintió levemente, pero no dijo nada. Elena continuó -Recibirá un sobre y lo entregará, no antes de cuarenta y ocho ni más tarde de setenta y dos horas después de dicha recogida, en una dirección que le será entregada junto con el sobre. Esa información irá acompañada del nombre de la persona a quien ha de entregar el sobre en mano, así como de un pase de seguridad restringido que le permitirá realizar la entrega- Otro asentimiento del hombrecillo. Excepto el detalle de la entrega en mano, todo lo demás era completamente habitual, e incluso ese detalle no era excesivamente peculiar.

La Consejera volvió a pasar la yema del dedo índice por el lector de su disco de datos y a continuación tecleó un código en el pequeño teclado situado en el borde de la mesa, fuera del alcance visual de su interlocutor. El correo enfocó la vista. Esto sí que era peculiar. Un alto ejecutivo rara vez realizaba una entrega en persona. En respuesta al código tecleado por la Consejera, un cajón se abrió silenciosamente. De él extrajo un sobre gris que delsizó hacia el correo por encima de la mesa. Él lo recogió con cuidado y sintió el tacto peculiar.

-Microtejido balístico- No era una pregunta, sino una afirmación. Más peculiaridades. Los sobres de microtejido balístico eran una rareza reservada normalmente para las comunicaciones a más alto nivel dentro de una corporación o un Gobierno. Ignífugos, impermeables, antiácidos y resistentes a la perforación y a casi cualquier otro tipo de daño físico eran la mezcla perfecta de protección y ligereza. Lo volteó lentamente entre sus dedos. Súbitamente el trabajo empezaba a resultar mucho más interesante, y eso no era precisamente bueno en su negocio.

-Antes de continuar, hay otro detalle que querría aclarar, señor García. Simplemente pare evitar posibles tentaciones- Elena ignoró el pequeño y distraído gesto de indignación del correo. -El contenido de ese sobre está impreso sobre papel condicionado. Sabe usted lo que eso significa, ¿ verdad ?-
-Papel condicionado...- El correo hizo una breve pausa. Bien, esto lo confirmaba. El trabajo había pasado a ser tremendamente interesante. -Quiere decir que si este sobre no se abre en unas condiciones de, temperatura, humedad e incluso composición de la atmósfera previamente establecidas el papel entrará en combustión casi instantáneamente.- El papel condicionado era incluso más caro y de acceso más restringido que el microtejido balístico. Rara vez se empleaba incluso a los niveles más altos. Normalmente la persona que obtenía permiso para utilizarlo recibía acceso a una de las máquinas que preparaban el papel, una combinación de ordenador, impresora, empaquetadora y planta química miniaturizada. Esa persona introducía las condiciones, trasladaba la información al papel, lo imprimía y lo introducía en un sobre. La información era borrada por completo nada más terminar el proceso, normalmente incluso antes de que el documento estuviese cerrado en su sobre. Dado que las condiciones preestablecidas eran indetectables por ningún método, sólo la persona que las introducía podía proporcionar la "clave" que permitiría abrir el sobre con seguridad. Al parecer, la Consejera Sealtiel tenía entre manos un asunto extremadamente importante y confidencial.

García mantuvo su expresión lo más neutra que le fue posible -Bien, empiezo a comprender lo que ha dicho acerca de las condiciones de seguridad.- Extendió la mano -Y en consonancia con ellas, puedo asumir que el resto de la información también me la va a dar usted, ¿verdad, Consejera?- Ella extendió la mano y depositó una tarjeta de plástico transparente en la mano del correo, doblando una esquina hasta que se produjo un pequeño chasquido. Él miró la dirección y el nombre que aparecieron en trazos negros dentro del plástico transparente. Sabía que tenía unos diez segundos para memorizarlos antes de que se borrasen y la trajeta quedase inservible. Las tarjetas de plástico de memoria de un solo uso eran desgraciadamente comunes en el negocio. No le gustaban. Le parecían un desperdicio que se podría evitar fácilmente mediante el uso de un papel, una cerilla y un cenicero. Cinco segundos después asintió y le devolvió la tarjeta a la Consejera. -Muy bien. Hablemos ahora de mis honorarios- Elena sonrió por encima de las puntas de sus dedos.

-Se le pagará su tarifa normal en cuanto salga por esa puerta, acepte el trabajo o no, y diez veces esa cifra en cuanto se confirme la entrega. Como es habitual en el sector, cualquiera de estos dos pagos implica la absoluta confidencialidad de toda la operación.- Esperó unos segundos y, ante el silencio del correo, continuó -¿ Tenemos un trato, señor García?- El correo exhibió de nuevo su sonrisa metálica y extendió la mano para estrechar la que le tendía Elena sobre la mesa

-Por supuesto, Consejera.-

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